LA PRODUCCION DE COMIDA Y LA EXPLOTACION DEL TRABAJADOR AGRICOLA BAJO LA GLOBALIZACION Y EL NEOLIBERALISMO

Carlos Marentes

(Parte de una presentación durante la Reunión Anual de Trabajo de Agricultural Missions, que con el tema "Globalización Económica: Ganadores y Perdedores", tuvo lugar el 2 de mayo de 1997, en El Paso, Texas)


Sin Fronteras está basada en El Paso porque este es el sitio de reclutamiento de mano de obra agrícola más importante a todo lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Cientos de mexicanos llegan a este lugar todos los días y de aquí parten a la principales regiones agrícolas de esta nación.

Este movimiento histórico es tan antiguo como el desarrollo mismo de la agricultura. De hecho, el desarrollo de la agricultura norteamericana fué posible debido a dos importantes movimientos de seres humanos. El primero fue un movimiento brutal y violento. El segundo fue un movimiento voluntario.

Me refiero al sistema agrícola del Sur basado en la esclavitud de millones de indígenas de Africa traídos violentamente, y al Programa "Bracero" durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el cual más de cuatro y medio millones de mexicanos vinieron a trabajar a este país a producir la comida que se necesitaba para asegurar la victoria en los campos de batalla. Cuando menos una tercera parte de los "braceros" cruzaron a este país y regresaron a través de El Paso. Estos movimientos de seres humanos le infundieron una esencia inmigrante a la agricultura norteamericana.

Hoy en día, la fuerza laboral agrícola continúa siendo de cáracter inmigrante. Conservadoramente se calcula que la mano de obra agrícola está compuesta por más de 4 millones de personas, incluyendo mujeres y unos 100 mil niños. Cuando menos dos terceras partes son inmigrantes y de éstos, el 80 por ciento son de México.

En esta región tenemos una comunidad de trabajadores agrícolas de unas 14,000 personas, también principalmente provenientes de México, y el resto son ciudadanos norteamericanos de origen mexicano. Se calcula que una quinta parte son mujeres y todavía es común encontrar niños, menores de 5 años de edad, trabajando en los campos.

El reclutamiento de estos trabajadores agrícolas fronterizos tiene lugar a media noche en el sur de El Paso. Durante los meses de agosto y septiembre cientos de trabajadores se dan cita en este lugar en busca de trabajo. Una vez que son contratados, son trasladados a los campos donde empiezan a laborar en cuando amanece, jórnadas de 8 a 10 horas. Al final del día, regresan al mismo sitio en El Paso entre las 6 y 7 de la tarde. Esto significa que solamente tienen unas cuantas horas para descansar, darse un baño, ver a su familia, cenar algo rápido y volver otra vez al sitio de reclutamiento.

La mayoría de estos trabajadores laboran en la multimillonaria cosecha de chile en el sur de Nuevo México. Esta industria está basada en una explotación inhumana de los piscadores de chile. Sus salarios son tan bajos que aquel que gana el salario mínimo establecido por Ley Federal es considerado una persona afortunada. El ingreso anual promedio es de $6,000, muy por debajo del nivel de pobreza nacional.

Esta explotación de los piscadores de chile es algo vergonzoso. Sin embargo no es algo único. La situación es similar en otras partes del país. En efecto, la explotación de los trabajadores agrícolas es el cimiento en el que descansa la industria alimenticia norteamericana. Este es un sistema de producción de alimentos que tiene como objetivo ofrecer productos abundantes y baratos a la sociedad de consumo. Esta sobreproducción de alimentos baratos es posible gracias a la explotación de los trabajadores del campo.

Está muy claro que las condiciones generales de los trabajadores agrícolas en este país continúan deteriorándose. Pero, ¿qué más podemos esperar? Los trabajadores que laboran en los campos agrícolas de Estados Unidos son los mismos ejidatarios o campesinos pobres de México que han fracasado en sus esfuerzos por producir lo necesario para vivir en su propia tierra. Sólo hay que echar una mirada al sur de nuestras fronteras para entender la razón por la cual la mano de obra de este país se encuentra en el predicamento actual.

Las condiciones de los campesinos y de las comunidades rurales de México también continúan deteriorándose. La pobreza ha sido un fenómeno histórico desde que las comunidades perdieron el control sobre sus tierras y sus recursos naturales. Todos sabemos que sin tierra, los pueblos no pueden producir la comida que necesitan para vivir. Pues bien, la lucha por la tierra ha sido una lucha permanente en México. Si bien es cierto que durante un breve periodo de tiempo, la agricultura mexicana llegó a producir lo básico, el frijol y el maíz, necesario para alimentar al pueblo, esto no duró mucho; cambió debido a las políticas de modernización en la agricultura y al contrato de la deuda externa, así como la corrupción del PRI-gobierno. Para los ochentas, México, alguna vez conocido como "el cuerno de la abundancia", ya tenía que importar máiz, principalmente de Estados Unidos.

La agricultura mexicana ya estaba en una grave crisis para los setentas. Millares de ejidatarios dejaron su comunidades en busca de empleo. Los pobres campesinos tuvieron que vender o rentar sus tierritas solamente para obtener el dinero necesario para pagar a los "coyotes" que los llevarían a cruzar la frontera. Eventualmente, estos trabajadores se convirtieron en parte esencial de la mano de obra agrícola de este país.

Las políticas neoliberales de una nueva clase política que se instaura en el poder a mediados de los ochentas, llamados los "tecnócratas", solamente vinieron a agravar la situación. Este grupo de políticos educados principalmente en Harvard y de los cuales Carlos Salinas de Gortari es su miembro más popular (o impopular según se vea), introdujeron profundos cambios a la agricultura mexicana. El más importante fue la reforma al Artículo 27 de la Constitución Mexicana con el fin de eliminar el ejido. Junto a esta reforma y como requisito para la aceptación de la parte mexicana en el Tratado de Libre Comercio (TLC), el PRI-gobierno también acabó con la política de apoyo al campo y a la regulación del mercado y distribución de productos agrícolas. El aspecto final de esta nueva política agrícola fue la remoción de tarifas a productos agrícolas extranjeros.

Tres años después de la aprobación del TLC podemos ver los resultados en México.

-100 mil niños mueren al año

-5 millones de gentes viven en la pobreza extrema

-9 millones de campesinos carecen de los servicios públicos más elementales

-3 millones no tienen donde vivir y

-5 millones carecen de un pedazo de tierra para sembrar.

Tres años han sido suficientes para acabar con el sueño de millones de seres humanos de algún día poder vivir del fruto de su trabajo en su propia tierra. Para los mexicanos pobres significa también aceptar que tendrán que unirse al ejército de indocumentados que tienen que cruzar la frontera para intentar sobrevivir. Para la mayoría de los mexicanos que residimos en este país significa que tendremos que aceptar el hecho de que probablemente ya no regresaremos a nuestra tierra como inicialmente lo habíamos pensado.

El TLC ha acelerado este sistema de producción de alimentos basado en la gran corporación agrícola transnacional a la que no le interesa quien cosecha el producto mientras obtenga cuantiosas ganancias. No importa que sea el pobre piscador de Carolina del Norte o el jornalero de Los Mochis, Sinaloa, lo que importa es que el consumidor de Nueva York pueda comprar tomates rojos y brillantes todos los días del año, y bajo las condiciones climatológicas que sean.

Aunque el TLC ha incrementado la importación de productos norteamericanos baratos, sólo unas cuantas corporaciones se benefician de este comercio. El resto de la población no nos beneficiamos en nada de este sistema de producción de comida por el contrario, somos quienes pagamos las consecuencias de este sistema. Los pequeños granjeros continúan desapareciendo rápidamente. El indio nativo americano ha quedado prácticamente desconectado de la producción agrícola. En el sur del país el pueblo negro dejará de ser propietario de la tierra en el siglo que se avecina.

El sistema de producción de comida actual también está basado en la concentración de la tierra. Esto significa una explotación brutal e intensa de la tierra a través del uso de tecnología muy avanzada, que incluye la alarmante utilización cada vez más frecuente de químicas muy tóxicas. El resultado también es que la seguridad y la calidad de la comida continúa deteriorándose.

Para nuestros pueblos y para nuestras comunidades, para la sociedad entera, el desafío actual es de cambiar este sistema de producción de comida que nos han impuesto un puñado de corporaciones ambiciosas, que cuentan con el apoyo de estos gobiernos que han abandonado sus responsabilidades sociales.

El desafío es complejo y requiere de una sociedad activa y unida. Se requiere además de una perspectiva internacional y de una inclusión real de los grupos más marginados de la sociedad. Como la voz del trabajador agrícola ha sido sistemáticamente ignorada, es vital que las preocupaciones de los grupos de los trabajadores agrícolas y de los campesinos y sus familias esta vez si sean tomadas en cuenta.

Finalmente, es muy importante que la sociedad apoye todos y cada uno de los esfuerzos de las organizaciones de trabajadores agrícolas. No es suficiente dejar de comer una cosa para hacer un acto sincero de solidaridad. El apoyo verdadero consiste en ayudar directamente las luchas de los trabajadores en Ohio, en Florida, en la frontera de Estados Unidos y México, y en todos y en cada lugar donde se den.


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