"Todo lo que queremos es justicia"

Las condiciones en el condado Estrella hicieron inevitable la huelga. En la primavera de 1966 muchos trabajadores decían; "Ha llegado el momento". Luego, en mayo de 1996, un organizador laboral, Eugene Nelson llegó al poblado de Mission, en el Valle Bajo del Río Grande para ayudar a la unionización de los trabajadores agrícolas. Nelson había sido uno de los lideres de la exitosa huelga de los piscadores de uva de Delano, California.

Muchos trabajadores de la Ciudad de Río Grande le sugirieron a Nelson que los visitara para que les hablara sobre la unión. Más de 60 trabajadores se presentaron en la primer reunión. Varios cientos firmaron tarjetas autorizando a la unión para que los representara y negociara un contrato colectivo de trabajo. Las demandas de los trabajadores eran modestas... $1.25 la hora y el derecho a negociar colectivamente. La consigna de los trabajadores era "todo lo que queremos es justicia..."

La respuesta de los rancheros: ¡Nunca!

La mayoría de los trabajadores agrícolas del condado Estrella laboran para cinco grandes rancheros. A través de cartas, llamadas de teléfono y visitas personales, los trabajadores y sus representantes llamaron a estos rancheros para que aceptaran pagar $1.25 la hora y a reconocer a la unión de los trabajadores agrícolas. Los rancheros apenas estaban iniciando la multimillonaria cosecha de melón, cuyas ganancias excedían los $500 dólares por acre. Mientras tanto, los salarios oscilaban entre 40 y 85 centavos por hora. Pero los rancheros tenían una posición unánime. "Nunca vamos a reconocer a la unión", respondían. Un ranchero se jactaba de que prefería ver sus melones podridos y que los trabajadores murieran de hambre, antes que reconocer la unión.

El 1 de junio de 1966, alrededor de 400 trabajadores votaron en favor de salir en huelga en contra de los rancheros productores de melón. Muchos trabajadores inmediatamente buscaron empleo fuera del área de la huelga. Otros inciaron su emigración anual a otros estados, partiendo por esta vez un mes antes de lo acostumbrado. Los rancheros comenzaron a reclutar esquiroles en México y los salarios aumentaron, cuando la compañía "La Casita Farms" anunció un nuevo sueldo de $1 (un dólar) la hora y otros rancheros empezaron a pagar 70 y 80 centavos la hora. Alrededor del 80 por ciento de la fuerza laboral dejó de trabajar el primer día y las empacadoras de melón del condado se paralizaron.

"El Peso de la ley" contra la huelga

La maquinaria política del condado Estrella (el "New Party") inmediatamente se alió a los rancheros. El procurador del condado, Randall Nye, y los jueces y oficiales del condado trataron de romper la huelga. Los empleados del condado rociaron a los huelguistas con insecticidas. Los patrulleros del condado empujaron a los trabajadores hacia los campos y los amenazaban si trataban de salir de ellos. Un juez de distrito prohibió cualquier acto público por parte de los huelguistas.

Los trabajadores de Río Grande votaron a favor de unir su Asociación Laboral Independiente con la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas (NFWA) dirigida por César Chávez. Luego, en agosto de 1966 la NFWA se unificó con el Comité Organizativo de los Trabajadores Agrícolas (AWOC) para formar una sola unión, la Unión de Trabajadores Agrícolas (UFW), afiliada a la Federación de Trabajadores de América (AFL-CIO). Fué así como los trabajadores agrícolas estuvieron unidos en una organización fuerte y el movimiento empezó a ganar fuerza a través de toda la nación.

¡Que todo el mundo conozca nuestra lucha!

La cosecha de melón terminó a mediados de junio. Mientras que los rancheros culparon al clima por la raquitica cosecha, los huelguistas clamaron una victoria parcial. Pero no se avizoraba un contrato colectivo de trabajo. Los trabajadores decidieron entonces hacer una marcha-peregrinación, como se había hecho en California, para dramatizar ante el estado y la nación las condiciones y los salarios y el sufrimiento que los trabajadores agrícolas padecen, y también para generar apoyo a su causa entre los trabajadores agrícolas y sus simpatizantes.

Miles de trabajadores agrícolas se unieron a la marcha campesina. Unos caminaron una milla, un día o una semana. Los alcaldes de Roma, Grulla, La Joya y Edinburg endosaron las demandas de los huelguistas. El obispo Humberto Madeiros recibió a las trabajadores agrícolas en San Juan y celebró una misa especial para ellos en la capilla de ese lugar. Los marchistas caminaron hacia Corpus Christi, San Antonio y finalmente hacia Austin, la capital de Texas. A los trabajadores agrícolas se unieron sindicalistas de todo el estado, líderes religiosos de todas las denominaciones y miles de simpatizantes.

La marcha concluyó éxitosamente el Día del Trabajo de 1966. Alrededor de 15,000 personas participaron el último día, el trecho final. Los lideres de los trabajadores agrícolas Domingo Arredondo, Eugene Nelson y César Chávez, los lideres sindicales del AFL-CIO, servidores públicos, grupos mexicoamericanos y miles de trabajadores de base así como personas de todas las esferas sociales se unieron en este glorioso día final.

La marcha no obtuvo ningún contrato ni el estado aprobó un salario mínimo de $1.25 la hora. Sin embargo, la marcha terminó con el mito de que los mexicoamericanos eran felices y estaban satisfechos en ser ciudadanos de segunda clase y de vivir en la pobreza. Los eventos políticos que se sucedieron en el invierno de ese año enseñaron que los mexicoamericanos ya no aceptaban ciegamente la maquinaria política corrupta opuesta a sus intereses. Miles de trabajadores empezaron a organizarse y a afiliarse a sindicatos por todo el estado, y todo el movimiento obrero se benefició con este nuevo espíritu de lucha. La marcha fue simbólica y contribuyó a la rápida concientización de los mexicoamericanos en Texas. Fue el simbolo del fin de una era. Pero la tarea difícil de organizar a los trabajadores agrícolas, de construír una unión democrática y un nuevo orden social justo, estaba a la orden del día.

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