EL BORDE: Mal alimentados y bien trabajados

El alojamiento que se proporcionaba a los braceros y que incluía la alimentación era conocido como "el borde", de la palabra boarder.

Juan Martínez-Sifuentes, fue un asiduo bracero y laboró muchos años en la pisca del algodón. Todavía recuerda como era el mentado "borde". Como cuando estuvo en Hidalgo y La Feria, Texas, contratado para levantar algodón junto con otros 150 paisanos.

Recuerda don Juan que trabajaban desde que amanecía hasta que anochecía y ganaban como 50 centavos al día.

El piensa que todavía han de estar en esos lugares las ruinas de los campos donde eran alojados los braceros y que consistían en edificios largos, como galeras, donde se acomodaban líneas de literas, cada litera con una desvencijada silla y una especie de rudimentario buró donde el bracero podía guardar sus más básicos efectos personales. Había un par de regaderas para todo mundo, pero no había agua caliente. Muchos preferían asearse afuera con el chorro de la llave de agua o en el canal de riego. Unos cuantos enormes focos amarillentos proporcionaban una modesta iluminación para aquellos que querían leer o ponerse a escribir a sus familias antes de dormir.

Estos lugares era conocido como las "barracas" aparentemente porque los primeros sitios donde fueron alojados los braceros, al inicio del programa, eran precisamente barracas militares.

Braceros comiendo... 

 

 

 

Una buena cena...

Braceros comiendo en las barracas en un rancho de Michigan en 1954. El bracero de enfrente (camisa blanca) es José Angel García Rivera originario del municipio de San Pedro, Cahuila.

Poco antes de las 6 de la mañana les daban el desayuno. El cocinero se levantaba a las 2 de la mañana para tener lista la primera comida del día que consistía en huevos revueltos con papas, acompañados con un poco de Kool-Aid. Como la comida y la cena se acompañaban del mismo refresco, se preparaba un tanque de 200 litros de Kool-Aid al cual se le echaba un enorme cuadro de azúcar para endulzar la bebida.

La comida era a la 1 de la tarde y consistía de sopas de fideo y caldo aguado, con un poco de sabor a carne de res. Afirma don Juan que no recuerda que alguna vez le haya tocado un pedazo de carne. La sopa y el caldo se preparaban en grandes tambos, renegridos y grasosos por el constante uso.

Para tomar sus alimentos, los braceros utilizaban unos desgastados platos de peltre y otros de alumino que tenían grabado en relieve las letras "U.S. Army".

Una pepsi...La cena era más modesta; un puñado de frijoles aguados y unas cuantas tortillas. En ocasiones al cocinero se le pasaba la mano con la sal y en otras parecía como si se le hubiera olvidado ponerle la sal al tambo donde cocía los frijoles. Como la comida a veces no tenía mucho sabor, cuando los braceros andaban en los campos se ponían listos y cortaban cuanto chile cascabel encontraban. En una ocasión se fijó como un bracero que era de Guanajuato le echaba unos trocitos de una rama ceniza al plato de frijoles y cuando don Jesús le preguntó qué era el guanajuatense le respondió: "Es epazote para darle sabor..."

Aunque parecía que se preparaba mucha comida, la verdad era que el cocinero les medía la comida. Nunca les servía de más y casi siempre se quedaban con hambre.

Los braceros recordaban con nostalgia la comida de su tierra. El por ejemplo, se acordaba seguido de los caldos de puchero y los guisados de puerco con verdolagas.

Muy pocas veces cambiaba el menú de los braceros. Recuerda, por ejemplo, los últimos días de una temporada de algodón cuando les dieron pollo frito con puré de papa. "Muchos de nosotros comimos por primera vez el mentado fried chicken", recuerda. Después, cuando regresó a su tierra, a Coahuila, en una ocasión le sugirió a su esposa que le preparara un buen pedazo de pollo frito, pero aunque la seño se esmeró como nunca en cumplirle el antojo, el pollo no quedó igual ni sabía igual que aquel que había comido en Las Milpas, Texas.

En Estados Unidos también probó por primera vez los "apple pie", los pancakes y el refresco de cola. Así nació su afición a comidas y refrescos que hoy culpa de la diabetes que sufre en la actualidad.

De su época de bracero, recuerda bien, "siempre estabamos mal alimentados y bien trabajados". Aunque agrega que el "borde" era un buen arreglo ya que así ellos no tenían que preocuparse en qué iban a comer al final de la jórnada de trabajo o al día siguiente.


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