Ceremonia Anual de los Premios de Derechos Humanos
Letelier-Moffitt de 1997
Mensaje de Alicia Marentes
Directora de Servicios Sociales de Sin Fronteras
Sábado 27 de septiembre de 1997
Washington, D.C.


Damas y caballeros,

Les traigo un saludo fraternal de parte de los trabajadores agrícolas de la frontera y principalmente, saludos de parte de las mujeres trabajadoras.

Quiero agradecer muy profundamente al Instituto de Estudios Políticos, IPS, y al Comité de Selección de los Premios de Derechos Humanos Letelier-Moffitt de 1997, por este reconocimiento a Sin Fronteras y a nuestro trabajo.

Aunque nuestro trabajo no es con el fin de lograr reconocimientos públicos o de hacernos famosos, sino más bien para que un día tengamos un sistema más justo y equitativo, esta noche me siento muy contenta y muy orgullosa de aceptar este premio por su significado, y porque además, es un reconocimiento a una lucha en la que han participado muchísimas personas.

Este premio lo comparto esta noche con mis hijos, que nos acompañan, Carlos, Ruby, Cynthia, Emiliano y Xóchitl, porque si hay alguien que se ha sacrificado en estos 20 años de lucha, han sido nuestros hijos. También lo dedico a mi nietecito Dante con el deseo de que cuando él sea grande, siga nuestro ejemplo y el ejemplo de muchos, y se dedique a hacer el bien, y siempre sea solidario con los más marginados y olvidados.

Y claro, lo dedico y lo comparto con todos los trabajadores agrícolas que han luchado a nuestro lado en Sin Fronteras, en nuestro esfuerzo por dignidad y justicia para todos los que trabajan la tierra para dar de alimentar a esta nación y que muchas veces no ganan lo suficiente para dar de comer a sus propias familias.

Y con especial afecto, a las mujeres trabajadoras del campo.

En nuestra región, la fuerza laboral agrícola está compuesta de unos 14 mil trabajadores agrícolas. Casi una tercera parte son mujeres, madres y cabezas de familia, que laboran largas jórnadas, piscando chile en el sur de Nuevo México, por un sueldo que muchas veces no se acerca al salario mínimo que establece la ley federal. Pero además de los salarios miserables, las mujeres sufren abusos y discriminación, son las últimas en ser ocupadas y las primeras en ser desocupadas. Son las que sufren más las condiciones insalubres y peligrosas en los campos. En estos años de lucha, muchas de mis compañeras se han enfermado porque en los campos ni siquiera ponen sanitarios, como lo marca la ley, y mientras que el hombre puede escondere en un árbol, las mujeres tienen que aguantarse todo el día. Otras compañeras, a las que en este momento recuerdo con afecto, han fallecido.

Al final de la jórnada agotadora, la mujer trabajadora llega a su humilde hogar, no para descansar, como lo haría cualquier trabajador, sino para lidiar con los problemas de los hijos, para darles de comer, lavar la ropa, ayudarles con la tarea y darles un poco de cariño.

Nuestra lucha es para que haya un futuro mejor para los trabajadores del campo. Para que algún día reciban un salario justo que les permita alimentar a sus hijos, proporcionarles un techo decente y por qué no, para que tengan oportunidades educativas.

Este premio significa que nuestra lucha es valorada y que es justa. Gracias.

Les pido que siempre recuerden a los trabajadores del campo, y especialmente a las mujeres que laboran arduamente, piscando las verduras y las frutas que nos proporcionan una vida saludable, y que lo hacen para que sus hijos no sufran como ellas lo hicieron en su infancia y especialmente para que sus hijos valoren y dignifiquen el trabajo del campo.

Finalmente les quiero decir que durante estos 20 años de lucha hemos logrado avances importantes. En algunos ranchos hemos logrado que se mejoren los sueldos y las condiciones de trabajo. En otras partes, ahora se respeta más a la mujer trabajadora porque defiende sus derechos. El logro más importante ha sido nuestro Centro de Trabajadores Agrícolas Fronterizos, ubicado a unos cuantos metros de la frontera, que nos sirve no solamente como instrumento para la organización de los trabajadores agrícolas, sino también para ayudarles con sus problemas inmediatos. Los invito muy cordialmente para que cuando estén en El Paso, Texas, nos visiten y conozcan nuestro centro.

De todo corazón les pedimos que siempre nos apoyen para continuar nuestros esfuerzos en beneficio de los trabajadores agrícolas fronterizos.

Otra vez, muchas gracias.


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